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Coaching al servicio del talento

Nacemos con la capacidad de aprender y soñar

Lo que ocurre es que los seres humanos que nos preceden nos enseñan a aprender y soñar de la forma en la que lo hace la sociedad en la que vivimos.

Y en este sentido, dado que soy una apasionada de las piñatas, y siempre que puedo en cualquier celebración, hago que los niños de la familia disfruten de ella, no puedo dejar de nombrar el gran trabajo que hace Ismael Cala, en su libro “La vida es una piñata”.

Según explica el autor en su obra, desde que nacemos, incluso antes, nuestro cerebro empieza a llenarse de “cosas” como una piñata vacía. Desconoces quién las ha puesto ahí, pero acaban convirtiéndose en creencias, pensamientos y pautas de comportamiento que van a ir conformando tu forma de vivir. Definitivamente aquí intervienen mandatos familiares, pactos y fidelidades del clan, así como otros aspectos que iremos viendo según vayamos profundizando en esta temática.

Poco a poco, y casi sin darte cuenta, todos estas “cosas” se van instalando en lo más profundo de tu inconsciente, y partir de ahí vamos creando nuestra autoimagen y nuestros pensamientos y, por tanto, nuestras acciones.

Las creencias no son buenas ni malas, simplemente unas te limitan, y otras te abren posibilidades

De esta manera, desde que somos pequeños nos vamos domesticando. Vamos aprendiendo lo que está bien y lo que está mal, a través del castigo y/o la recompensa. En el colegio, vamos sufriendo un proceso de homogeneización donde prima el pensamiento único, y formar a todos los alumnos por igual.

En este proceso de domesticación, en el que no solo interviene la institución educativa, sino el entorno familiar, la sociedad, etc, empezamos a desconectarnos de nuestras tendencias naturales, para ajustarnos a las expectativas sociales y familiares.

Sin embargo, como indica Tony Estruch en su libro GENIOTIPO, todo cambia cuando empezamos a dar prioridad a las capacidades de nuestros niños. En lugar de enfocarnos solo en las dificultades, en aquello a mejorar; abrimos las puertas a las virtudes, a los dones y a las habilidades. Y no solo para desarrollar su talento, sino para el bienestar de la persona adulta en la que se convertirá.

Comenzar un proceso de coaching para niños y niñas, con el objetivo de priorizar capacidades es muy poderoso para:

N

Fomentar la autoestima

Que te valoren por aquello que se te da bien hace crecer nuestra autoconfianza.

N

Saber gestionar las dificultades

Que nos enseñen cuáles son nuestras dificultades, cómo gestionarlas y qué hacer con ellas, nos ayuda en nuestro autoconcepto.

N

Aprender a reconocer y gestionar las propias emociones

Dotar de inteligencia emocional a nuestros niños, les procurara herramientas y estrategias para ser resilientes.

En muchos casos, cuando ya somos adultos, sentimos limitaciones y no son capaces de llegar a los objetivos determinados que deseamos por causas inexplicables. Bloqueos y limitaciones, que finalmente desencadenan en frustración, tristeza, rabia o incluso dolencias físicas y/o enfermedades.

En la vida, como en la piñata, nos van a llover cosas agradables con las que podamos disfrutar, pero también episodios que nos disgusten, capítulos difíciles, por los que todos vamos a transitar

Son las lecciones que nos hemos puesto para esta vida; si aprendemos a conectar con lo que somos desde pequeños, aprenderemos también a vivir desde el protagonismo de nuestra vida y no desde el victimismo. Desde mi punto de vista, elemento clave para el éxito personal y profesional que perseguimos.

En conclusión, considero el coaching como una herramienta muy poderosa para el autodescubrimiento en cualquier etapa de la vida. Coaching para niños, Orientación profesional para estudiantes, o Coaching para los profesionales y su desarrollo laboral, son instrumentos clave no solo para el éxito externo, sino también interno, personal.


 
 
 

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